Guerra híbrida en Sahel: el caso de Mali

A closeup shot of the waving flag of Guinea with interesting textures
Rebeca Radío

Rebeca Radío

Ingeniera en Ciberseguridad, Analista de Inteligencia y doctoranda en Terrorismo en el Ciberespacio

Mali se ha convertido silenciosamente en uno de los escenarios de seguridad más complejos y relevantes del sistema internacional contemporáneo. Mientras la atención global permanece centrada en conflictos como Ucrania u Oriente Medio, el Sahel atraviesa un proceso de deterioro progresivo caracterizado por la convergencia de insurgencia yihadista, separatismo armado, competencia geopolítica y debilitamiento estatal. En este sentido, la situación maliense trasciende el ámbito regional africano y refleja transformaciones profundas en la naturaleza de los conflictos contemporáneos, especialmente en relación con las amenazas híbridas en un entorno cada vez más interconectado (RLI, 2026).

Desde 2012, Mali ha experimentado una crisis multidimensional marcada por la fragilidad institucional. Esta dinámica se intensificó tras los golpes de Estado de 2020 y 2021, que consolidaron un régimen militar bajo el liderazgo de Assimi Goïta.
Así, la llegada de la junta militar al poder supuso una ruptura significativa con los socios occidentales tradicionales, especialmente con Francia —cuya operación Barkhane había sido el principal instrumento de lucha antiterrorista en la región— y con Naciones Unidas, cuya misión MINUSMA se retiró en 2023 tras una década de despliegue (U.S. Department of State, 2025).

En este sentido, uno de los desarrollos más relevantes en la evolución reciente del conflicto es la creciente táctica entre grupos separatistas tuareg y organizaciones yihadistas vinculadas a Al Qaeda. El 25 de abril de 2026 se produjo una ofensiva coordinada sin precedentes, con ataques simultáneos en ciudades estratégicas como Bamako, Gao, Kidal y Mopti, evidenciando la capacidad operativa avanzada de estos actores.
Durante esta ofensiva, el asesinato del ministro de Defensa Sadio Camara cerca de Kati —una base militar clave en las proximidades de la capital— puso de manifiesto la vulnerabilidad de las instituciones estatales incluso en su núcleo de poder (STIMSON, 2026).

Tradicionalmente, los grupos tuareg y las organizaciones yihadistas perseguían objetivos divergentes. Mientras los primeros defendían la autonomía o independencia del territorio del Azawad —región del norte de Mali con una identidad étnica y política diferenciada—, los segundos aspiraban a la instauración de estructuras islamistas basadas en una interpretación radical de la sharía.
Sin embargo, el deterioro de la seguridad y la presión ejercida por las fuerzas malienses y sus aliados han favorecido una convergencia pragmática de intereses entre ambos actores (Infobae, 2026).

En este marco, los grupos tuareg aportan conocimiento del terreno, redes tribales y movilidad en entornos desérticos, mientras que las organizaciones yihadistas contribuyen con experiencia militar, financiación y estructuras insurgentes consolidadas. Esta combinación refleja, por tanto, una transformación estratégica del conflicto, caracterizada por la hibridación de actores y objetivos.

Asimismo, dentro del ecosistema insurgente, Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), afiliado a Al Qaeda, se ha consolidado como el principal actor en el Sahel occidental. A diferencia de otros grupos centrados en atentados de alto impacto, JNIM ha desarrollado una estrategia más compleja que combina violencia, gobernanza local y construcción de legitimidad social (Sempijia & Ndiaye, 2026).

Sin embargo, limitar el análisis del conflicto maliense únicamente al plano físico resulta insuficiente. Uno de los aspectos más relevantes de la evolución de las insurgencias contemporáneas es la creciente importancia del ciberespacio como multiplicadores estratégicos de poder. Organizaciones como JNIM utilizan plataformas digitales y aplicaciones de mensajería para coordinar células, difundir propaganda, reforzar procesos de radicalización y controlar la narrativa del conflicto. A través de redes sociales y canales digitales, estos grupos no solo buscan intimidar o reclutar, sino también presentarse como actores legítimos frente a un Estado, en este caso el gobierno de Mali, percibido como incapaz de garantizar seguridad y estabilidad.

En este sentido, el ciberespacio permite que insurgencias territorialmente dispersas operen como redes interconectadas, reduciendo las limitaciones geográficas propias de una región tan extensa y difícil de controlar como el Sahel. Por ende, el entorno digital se convierte en un dominio de apoyo a la insurgencia, facilitando la difusión de información, la coordinación transfronteriza y la expansión de narrativas extremistas.

Paralelamente, la dimensión informativa también desempeña un papel relevante en la competición geopolítica existente en Mali. La presencia rusa no se limita únicamente al ámbito militar, sino que también incorpora campañas de influencia y narrativas antioccidentales difundidas a través de redes sociales y ecosistemas digitales africanos, evidenciando cómo la guerra híbrida contemporánea integra operaciones de información, propaganda y manipulación narrativa junto a la actuación militar sobre el terreno.

Además, la fragilidad institucional de Mali también se traduce en una limitada capacidad de ciber resiliencia. Las debilidades estructurales del país en telecomunicaciones, infraestructuras tecnológicas y capacidades de ciberdefensa aumentan la vulnerabilidad del Estado frente a amenazas híbridas y operaciones de influencia externas. En consecuencia, la crisis maliense no solo pone de manifiesto un problema de seguridad regional, sino también los desafíos que enfrentan los Estados frágiles en el ámbito digital y tecnológico.

En definitiva, Mali se ha convertido en un laboratorio de transformación de la insurgencia moderna y de la guerra híbrida contemporánea. La convergencia entre separatismo tuareg y yihadismo, el debilitamiento institucional, la competición geopolítica y el creciente uso del entorno digital como herramienta de propaganda, coordinación e influencia muestran cómo los conflictos actuales ya no se desarrollan exclusivamente sobre el terreno físico, sino también en el dominio informacional y cognitivo.

Mali representa, por lo tanto, un ejemplo especialmente relevante de cómo actores estatales y no estatales utilizan simultáneamente herramientas militares, informativas y digitales para ampliar su capacidad de influencia y debilitar la legitimidad estatal.

REFERENCIAS

ASA – African Security Analisys. 2025. Security Situation in Mali. Security Situation in Mali | African Security Analysis

RLI – Robert Lansing Institute. 2026. Mali at the Breaking Point: Insurgency Resurgence, Russian Intervention, and the Limits of the Africa Corps. Mali at the Breaking Point: Insurgency Resurgence, Russian Intervention, and the Limits of the Africa Corps – Robert Lansing Institute

STIMSON. 2026. Mali Attacks: Aggravating the Sahel Security Crisis. Mali at the Breaking Point: Insurgency Resurgence, Russian Intervention, and the Limits of the Africa Corps – Robert Lansing Institute

DW. 2025. Grupo ruso Wagner anuncia su retirada de Mali. Grupo ruso Wagner anuncia su retirada de Mali

U.S. Depertment of State. 2025. 2025 Mali Investment Climate Statement. 2025 Mali Investment Climate Statement

Infobae. 2026. Rusia sufre en Mali su peor revés militar en África y queda contra las cuerdas en el Sahel: “Es una humillación”. Rusia sufre en Mali su peor revés militar en África y queda contra las cuerdas en el Sahel: “Es una humillación” – Infobae

Sempijja, N & Ndiaye Mouhammed. 2026. Mali’s armed groups fill a government vacuum – addressing this is key to ending the Violence. Mali’s armed groups fill a government vacuum – addressing this is key to ending the violence

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