Estrecho de Ormuz: Chantaje energético como arma de coacción geopolítica

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María del Mar Buendía Gómez

María del Mar Buendía Gómez

Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Granada

El 8 de abril, EEUU e Irán acordaron un supuesto alto al fuego que conlleva la reapertura del estrecho de Ormuz. Este giro drástico, así como el uso de la apertura o cierre de este punto estratégico para la coacción económica, abre el debate sobre la interdependencia de los miembros de la OTAN así como sobre la legitimidad del chantaje como arma de guerra en pleno siglo XXI. 

El estrecho de Ormuz es un punto clave para la subsistencia de la economía global, permitiendo el flujo de una quinta parte del petróleo consumido internacionalmente. Estos espacios son conocidos como chokepoints: cualquier crisis o bloqueo en estos sacude el equilibrio del comercio internacional de manera automática. Pese a ser legalmente un espacio de libre tránsito, el control de Ormuz por parte de países del medio Oriente ha sido una herramienta clave de manipulación geopolítica, causando desestabilidad en la seguridad energética de las alianzas europeas y transatlánticas. 

Enfrentamiento en la OTAN 

Los recientes incidentes bélicos entre Estados Unidos e Irán no sólo son consecuencia de un conflicto que lleva fraguando desde hace años, sino que han puesto en evidencia una dependencia económica estructural que Europa no debe ignorar. 

Esto se reafirma por los ultimátums del presidente estadounidense Donald Trump, dirigidos directamente hacia el resto de miembros de la OTAN: “Si quieren el petróleo, vayan a buscarlo ustedes mismos”, declaró tras las negativas de los líderes europeos a participar activamente en las misiones de escolta del estrecho. Esta discrepancia entre el gigante estadounidense y el bloque europeo no sólo ha causado una gran incertidumbre sobre el futuro de la economía global, sino que ha llevado a Donald Trump a cargar con amenazas de abandonar la OTAN por una supuesta “falta de colaboración”. 

Cierre del estrecho: una vulneración del derecho internacional 

Ante este escenario de discrepancia defensiva, el estrecho ha dejado de ser un espacio de paso esencial para el comercio internacional y libre hacia todos los países, para convertirse en una aduana política y arbitraria. Los barcos de compañías pertenecientes a India, Irak, Japón y China, considerados “no hostiles” por Irán, sí realizan sus rutas con relativa normalidad, mientras que el resto de países se enfrentan a vetos y restricciones. El régimen iraní ha decidido rentabilizar su posición geográfica, negociando con los países considerados “hostiles” (OTAN y aliados) los permisos de paso a cambio de dinero. Cantidad que ronda el dólar por barril, hasta 1 millón para grandes petroleros. 

El peaje soberano y el trato diferencial vulnera directamente la Carta de las Naciones Unidas y la Convención sobre el Derecho del Mar, que declaran que todos los buques, sin perjuicio de su procedencia, deben tener tránsito libre en zonas de paso cruciales como los estrechos.

El objetivo es evitar exclusiones o uso de la dominación de los estrechos como forma de amenaza geopolítica y hostigación económica, precisamente lo que está ocurriendo en Ormuz.  

El cierre del estrecho es un ataque directo contra un bien de primera necesidad, la energía, para el que no estamos preparados. Aunque España y sus aliados europeos mantienen reservas de 100 días para la supervivencia energética autónoma sin importaciones, la prolongación de esta situación aumenta el riesgo de colapso del mercado, una crisis que afectaría directamente a los ciudadanos. 

¿Crisis económica futura? 

Las variaciones en el precio del petróleo y del mercado de hidrocarburos son un reflejo directo de las tensiones políticas, tanto en el estrecho de Ormuz como en todo el mundo, actuando como un barómetro de la estabilidad geopolítica global.

Evolución del precio del petróleo Brent (2026). Fuente: La vanguardia. https://www.lavanguardia.com/economia/20260408/11508244/precio-petroleo-hunde-mas-12-95-dola res-anuncio-alto-fuego-estados-unidos-e-iran.html

El valor del crudo ha vuelto a una relativa normalidad desde su incremento tras la invasión rusa. Es notable como este tiende a subir desde el inicio de la guerra con Irán, situándose en más de 72 dólares el barril, augurando una más que posible crisis mundial a futuro. Además, se aprecia una leve bajada tras el alto al fuego temporal, recientemente anunciado. 

El alto al fuego ¿Solución o chantaje? 

La situación ha dado un giro drástico el pasado 8 de abril, cuando ambos actores del conflicto acordaron un alto al fuego temporal junto con la reapertura del estrecho, dos horas antes de la

fecha límite establecida por EEUU. Esta fecha se vio acompañada de amenazas catastrofistas de Donald Trump, quién publicó en sus redes sociales que en caso de no llegar a un acuerdo la noche del siete al ocho de abril, “Una civilización entera morirá, y no volverá jamás” . 

Más allá de esta frágil y provisional solución, el conflicto ha expuesto la vulnerabilidad del sistema europeo de defensa, dependiente excesivamente de EEUU. Esta guerra bélica y económica caracterizada por el uso del comercio, chantajes y amenazas como armas, demuestra que estamos en una nueva era de “seguridad bajo chantaje”, en la que Europa carece de un rol determinante. 

¿Es la reapertura del estrecho un paso hacia adelante por la estabilidad mundial o es una prueba más de que la ley internacional ha sido supeditada por el chantaje comercial? Si la respuesta es la última, cabe plantear si estamos ante un nuevo orden en el que el poder político reside en aquellos países con control de los puntos económicos críticos, o chokepoints, del planeta.

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