Rebeca Radío
Ingeniera en Ciberseguridad, Analista de Inteligencia y doctoranda en Terrorismo en el Ciberespacio
El terrorismo, siempre adaptativo y oportunista, ha encontrado en la inteligencia artificial (IA) un instrumento capaz de multiplicar su alcance propagandístico y su capacidad de captación. El pasado 11 de octubre, la Cadena SER informaba que Daesh —también conocido como Estado Islámico o ISIS— estaría reclutando expertos en ciberseguridad con el fin de reforzar el reclutamiento de futuros combatientes, aprovechando el alcance y la influencia algorítmica de determinadas plataformas digitales, así como las capacidades de la IA. Este hecho no constituye un episodio aislado, sino que se inscribe en una tendencia más amplia de adaptación tecnológica de los grupos yihadistas, documentada en varias ocasiones por organismos internacionales.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la IA “es una tecnología de propósito general que tiene el potencial de mejorar el bienestar de las personas, contribuir a una actividad económica global positiva y sostenible, aumentar la innovación y la productividad, y ayudar a responder a los desafíos globales clave”. Sin embargo, es esencial entender que esta tecnología también presenta una cara B. Una de sus vertientes, la IA generativa, ha demostrado un inmenso potencial en campos tan diversos como el arte, la educación o la ciencia, y también en el ámbito criminal.
La IA generativa utiliza técnicas de aprendizaje automático para crear nuevos contenidos, como texto, imágenes, audio o vídeo, a partir de grandes volúmenes de datos y parámetros inspirados en las conexiones neuronales humanas. A diferencia de otras formas de IA, que se centran en clasificar o predecir, los sistemas generativos pueden producir resultados completamente nuevos, lo que abre oportunidades creativas, pero también riesgos de manipulación y engaño.
En este sentido, la IA ofrece tres ventajas estratégicas a los grupos terroristas. En primer lugar, la automatización en la generación de material propagandístico permite escalar la producción de contenidos con rapidez y bajo coste, facilitando campañas continuas y adaptables. Informes recientes de Europol (TE-SAT 2025) señalan que la radicalización online ha incrementado los casos de individuos que se adhieren a ideologías violentas sin necesidad de desplazarse a zonas de conflicto. En España, por su parte, tanto el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) han identificado un aumento de intentos de captación online y de la circulación de contenidos manipulados para fomentar la polarización y el adoctrinamiento silencioso. Por ejemplo, mediante la Operación Saeris (2025) la Policía Nacional, en colaboración con el CNI y el FBI, detuvo en Badalona a un hombre de 36 años por su alta radicalización tras consumir compulsivamente propaganda violenta del Estado Islámico (ISIS). Utilizaba redes VPN para ocultar su actividad y recopilaba información sobre zonas con presencia yihadista.
En segundo lugar, la segmentación y personalización de mensajes —gracias al uso de modelos de perfilado y analítica avanzada— permite adaptar el discurso a audiencias concretas según edad, idioma o vulnerabilidad social. La literatura académica, en esta línea, subraya que los adolescentes y jóvenes son especialmente susceptibles a procesos de radicalización en contextos de fragilidad psicosocial, aislamiento o exposición repetida a discursos violentos, factores que la IA puede explotar y detectar con precisión y sin apenas supervisión.
Por último, la manipulación y desinformación masiva mediante deepfakes y voces sintéticas posibilita la suplantación de identidades o la creación de “testimonios” aparentemente verosímiles, lo que erosiona la confianza en las instituciones y refuerza narrativas extremistas. Como señala la investigadora Carola García-Calvo, del Real Instituto Elcano, existen vídeos que recrean al exlíder de Al Qaeda, Osama bin Laden, realizando análisis sobre la actualidad con discursos sincronizados y visualmente creíbles (Cadena SER, 2025). Estos ejemplos ilustran cómo los grupos terroristas optimizan el ciberespacio y la Inteligencia Artificial para amplificar su impacto propagandístico y maximizar sus recursos.
No obstante, aunque los informes internacionales documentan la experimentación y el potencial uso malicioso de la IA por parte de actores violentos, aún son pocos los casos públicamente verificados en los que una campaña radical completa haya sido generada íntegramente mediante IA y atribuida de forma concluyente a un grupo terrorista. Por ello, está limitada evidencia obliga a mantener una postura preventiva, reforzando los mecanismos de detección temprana, cooperación internacional y educación digital.
Además, es pertinente destacar que este fenómeno requiere coordinación entre Estados, organismos internacionales y plataformas digitales. Por ello, la Unión Europea ha promovido marcos de cooperación para intercambio de señales de alerta, detección de deepfakes y seguimiento de redes de reclutamiento digital, mientras que España refuerza su legislación y capacidades de inteligencia digital para enfrentar estas amenazas emergentes. También, la Comunidad de Inteligencia en España, que incluye al CNI, la Inteligencia interior y la Inteligencia militar, trabaja de forma coordinada para detectar y neutralizar amenazas relacionadas con la captación online y la difusión de contenidos manipulados.
Bibliografía
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